REVISTA EL CAMBIO DICIEMBRE
Por publicado 2025-12-26Ediciones Anteriores
1984 LA NUEVALENGUA HOY
Por Comunicación Social publicado 2020-06-15
POR: JOSÉ H. BUENDÍA
@chuyperman
Maestro en Gestión Pública Aplicada, Abogado, Diplomado en Estudios Literarios y en el Estudio de Instituciones Occidentales.
“La Libertad consistía en poder decir que 2 + 2 = 4”
George Orwell
La obra cumbre de George Orwell, escrita en 1948 y publicada un año después, es sobretodo famosa por acuñar la figura del “Gran Hermano”, ese ser omnisciente y panóptico que monitorea, a través de las telepantallas, las vidas de todos los habitantes de Oceanía (uno de los tres Súper Estados en los que se divide este universo literario). Bien cabe releer la obra en nuestros días para subrayar la advertencia hecha respecto a los peligros de la destrucción del lenguaje como estrategia para la alienación de las personas.
Si bien en las distopías literarias (Un Mundo Feliz; Farenheit 451; La Naranja Mecánica) los autores nos presentan diversas versiones del camino para llegar a ser hombres y mujeres con menos libertad (porque el hecho de que lo seríamos no se ponía en duda); en la de Orwell se pone de manifiesto una vereda con la que convivimos en pleno 2020. Si ponemos atención, en la actualidad podremos identificar actitudes en diferentes gobiernos del mundo encaminadas a ejercer un mayor control sobre nuestras libertades, pero en esta ocasión quiero referirme a una en particular.
La destrucción del lenguaje.
Umberto Eco, filósofo medievalista e intelectual fundamental para entender la historia del siglo pasado y la de este, señala en su famosa conferencia titulada “El Fascismo Eterno” (1995) 14 características para reconocer un régimen fascista (y plantea que no es necesario que convivan las catorce sino que una sola basta para “coagular la nebulosa fascista”), señala como la última que el fascismo eterno o ur-fascismo habla la nuevalengua inventada por Orwell en su distopía y da el ejemplo de que, los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, “con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico”.
En el capítulo 5 de la primera parte de la novela nos presentan a Syme, un sádico personaje, miembro del Partido Exterior y uno de los expertos dedicados a compilar la undécima edición del Diccionario de nuevalengua, el idioma oficial de “Oceanía”, ideado para hacer frente a las necesidades ideológicas del Socialismo Inglés. Aquí Syme le revela al protagonista, que su trabajo no consiste en inventar nuevas palabras sino en destruirlas.
“Cualquier palabra incluye su contraria. Fíjate, por ejemplo, en la palabra “bueno”. Si tenemos esa palabra, ¿de qué nos sirve “malo”? “Nobueno” es igual… incluso mejor porque es exactamente el contrario mientras que la otra no lo es.”.
Es a través de Syme que se desvela cual es el objetivo final de la nuevalengua, y que consiste en reducir el alcance del pensamiento, ya que con menos palabras el rango de conciencia será cada vez más pequeño.
“De hecho, no existirá el pensamiento tal como lo entendemos hoy. La ortodoxia equivale a no pensar, a no tener la necesidad de pensar. La ortodoxia es la inconsciencia.”.
Tomando en cuenta que Syme es miembro del Partido Exterior que gobierna “Oceanía”, debemos interpretar que hay una intención del Estado encaminada a controlar a sus habitantes a través de la reducción de su pensamiento y parte de la fórmula que utiliza para llevarlo a cabo es con la destrucción del lenguaje. La nuevalengua estaba pensada para disminuir el alcance del pensamiento.
¿Cómo se destruye el lenguaje en la actualidad?
En la actualidad somos testigos de gobernantes que utilizan un léxico cada vez más simplificado, aparentemente disruptivo, y que buscan dirigir su discurso a las emociones de sus simpatizantes para gobernar sobre sus pasiones al mismo tiempo que limitan y empobrecen sus capacidades cognitivas en la búsqueda de perpetuarse en el poder. Lo terrible del asunto es que tanto simpatizantes como opositores terminamos utilizando, –como si hubiéramos sido hipnotizados–, los términos pegajosos y las frases simplonas en nuestro lenguaje diario, sin darnos cuenta que en muchas ocasiones al hacerlo estamos incluso cambiando el significado de algunas palabras al mismo tiempo que estamos colaborando a la destrucción de nuestro lenguaje.
En la undécima edición del diccionario de Nuevalengua que aparece como apéndice de la novela 1984, se da un ejemplo con la palabra “libre”, la cual seguía existiendo en este nuevo idioma pero solo podía utilizarse en frases como “Este perro está libre de pulgas” o “Este campo está libre de malas hierbas”, debido a que la libertad política e intelectual habían dejado de existir y por tanto no podían emplearse en otro sentido, de esta manera “libre” se había convertido en una palabra vacía y despojada del significado que hasta hoy conocemos todavía.
Términos como “Fake News”, o “Neoliberales” se utilizan hoy peyorativamente para atacar, en el primer caso a la prensa que ejerce su derecho de cuestionar las decisiones de gobierno, y en el segundo para atacar a aquellos que defienden las libertades económicas, el libre comercio y la reducción del gasto público, pero muchas veces cuando las utilizamos no tenemos consciencia del significado de las palabras o los términos, ni siquiera para señalar su mal uso, con lo que nos terminamos convirtiendo en una pequeña parte de la masa que hace eco de las frases de moda. En una ocasión mientras conversaba con un amigo me preguntaba ¿qué es ser neoliberal?, a lo que respondí que al parecer es todo aquello que no esté de acuerdo con el gobierno, y posiblemente este pueda llegar a ser su nuevo significado.
Otra forma en la que todos los días somos testigos de la destrucción del lenguaje es a través de la escritura en los medios digitales y las nuevas tecnologías. Los teléfonos móviles y los celulares nos han convertido a todos en comunicadores que envían y reciben mensajes en el espacio público. Las reglas lingüísticas generales, tanto ortográficas como gramaticales no se respetan en la comunicación digital en parte por su carácter relajado y espontáneo, por su semejanza con el lenguaje oral y el acceso a herramientas para añadir imágenes a los mensajes, aunque todo esto en principio no debe implicar una licencia para que el lenguaje se emplee de forma descuidada.
Conclusión.
El planteamiento hecho por George Orwell en 1984 en el que el gobierno utiliza como una de sus estrategias para la perdida de la personalidad de los habitantes de “Oceanía” el de la creación de la nuevalengua, parece haber dejado el terreno de la ficción literaria desde hace tiempo. El discurso político se ha empobrecido hasta niveles sinceramente vergonzosos con el pretexto de “llegar a la gente”, y peor aún con la intención de manipularla. Es cierto que las personas están cansadas de discursos rimbombantes y llenos de tecnicismos, pero ¿es necesario hablar el mismo lenguaje de Bolsonaro o de Maduro para poder derrotarlos? Mi respuesta es ¡No! Lo primero que hay que hacer es entender este lenguaje y las consecuencias que puede tener en nosotros el que lo hablemos también, para después encontrar un lenguaje encaminado a superarlo.
Ante una tarea tan compleja creo que hay dos propuestas simples que nos pueden ayudar a evitar las trampas de la Nuevalengua. La primera es a través de la lectura de textos literarios. No debe sorprendernos que los fondos de cultura sean los primeros sacrificados de los presupuestos para atender las necesidades productivas del Estado, se sacrifica porque difícilmente se traduce en beneficios económicos, pero también porque hay aquellos a quienes les conviene mantenernos ignorantes para poder ser más fácilmente manipulados. El conocimiento es un fin en sí mismo no el medio para producir algo y en este sentido la lectura literaria o los saberes humanistas se convierten en un acto de rebeldía y la clave para estirar las fronteras de nuestro pensamiento.
La segunda tiene que ver con el cuidado de las normas lingüísticas generales en la escritura digital en las diferentes redes sociales que utilicemos, de esta manera nos estamos asegurando que los que nos lean entiendan de manera correcta nuestros mensajes al mismo tiempo que protegemos nuestro lenguaje. En este punto les recomiendo el “Libro de estilo de la lengua española” de la Real Academia Española de la Lengua, mismo que contiene una serie de indicaciones generales para la comunicación digital. Creo firmemente que estas propuestas nos pueden ayudar a estar preparados para identificar y combatir las diferentes formas de Nuevalengua que rápidamente van ganando terreno en nuestros días.
EDITORIAL – TOMO 8
Por Comunicación Social publicado 2020-04-13
POR: ALEXANDRA DANIELA CID GÓNZALEZ
2020 ha sido un año que en mucho, nos ha tomado por sorpresa. Ha puesto a prueba la capacidad de cambio, adaptación y resiliencia de la sociedad. Ha enfrentado a los gobiernos de todo el mundo a una crisis sin precedente en la historia.
En lo que va del año, México se ha enfrentado a grandes retos en materia de seguridad, migración, economía y salud, por mencionar solo algunos de los temas que hasta febrero, encabezaban los titulares de los medios informativos nacionales. En el último mes, la atención pública se ha centrado en lo que rápidamente escaló a pandemia y con ello, a un problema de salud pública que concierne al mundo entero.
Hemos podido observar imágenes y escuchar testimonios de personas que dan cuenta de la gravedad de las consecuencias para sus países, por el paso de la pandemia. Hemos tenido acceso a recomendaciones de organismos internacionales y científicos de todo el mundo. Hemos escuchado voces de analistas que dan cuenta de las acciones de diferentes gobiernos en un intento por controlar el contagio del virus y la desaceleración económica.
La información ha sido tal, que muchas personas ya se encuentran abrumadas por el tema. Pero por alguna razón, a pesar de que hace un mes se dio a conocer el primer caso positivo de Covid19 en México, la mayoría no ha tomado las medidas de distanciamiento social recomendadas por la OMS para frenar el avance del virus. El mismo gobierno ha reaccionado de manera por demás tardía a la recomendación de su Director General, Tedros Adhanom Ghebreyesus que insiste en que la forma más efectiva de salvar vidas es romper las cadenas de transmisión, haciendo pruebas de detección y aislando.
¿Es este un asunto cultural? ¿Estas medidas son solo posibles en Asia y Europa? ¿Qué pasa con América Latina? Por su puesto que la respuesta a esto es sumamente compleja y que a su vez, plantea más preguntas como, ¿Las declaraciones del titular de la Presidencia de la República, han influido en la actitud de la población en el país frente al Covid19?
Necesitamos seguir haciéndonos preguntas, buscando respuestas y por supuesto, buscando soluciones. Estamos inmersos en una realidad que en muchos sentidos nos ha rebasado, por lo que es imprescindible apelar a nuestro sentido de urgencia para actuar, para preservar la salud y la vida de las personas en situación de riesgo, para ralentizar los contagios y evitar un colapso en nuestro sistema de salud, para ofrecer medidas paliativas a la economía, para ayudar a las familias en situación más vulnerable y que cada día deben buscar el sustento.
La situación nos reta en todos los niveles, reta al gobierno, a la oposición, a la sociedad civil organizada, a los padres y madres de familia, a las empresas de todos los tamaños, a nuestro sistema de salud y las personas que le conforman. Nos reta también, a nivel individual, nos orilla a cambiar rutinas, a ser creativos, a buscar nuevos métodos para mantenernos seguros y asegurar el sustento.
Nos reta a ser solidarios en medio del aislamiento, a evitar caer en la tentación de juzgar o de trivializar, der buscar medidas específicas para salir de las dificultades económicas, más allá de solo resaltar la fuerza moral de nuestro pueblo.
Pensando en todo ello, es que invitamos a colaborar para esta edición de la revista Humanismo y Sociedad a voces que analizan lo que estamos viviendo desde algunas de las aristas antes mencionadas.
Escribo por mi parte, acerca de la irresponsable politización que se ha dado en la atención de la pandemia, situación que pone en riesgo la vida de las personas en el país, retomando también las propuestas que en materia económica propone el partido, para enfrentar la contingencia.
Linda Sofía Dimitrov analiza los efectos económicos de la pandemia para México, ante las decisiones y políticas públicas del gobierno federal. Ana María Palmeros nos recuerda que las situaciones difíciles en nuestro país, como la seguridad -aun en tiempos en los que la atención se encuentra en el tema de salud- siguen ocurriendo y que la indignación lleva a la movilización social, en un esfuerzo por recordar y pedir justicia.
Viridiana Herrera por su parte reflexiona sobre los retos a los que nos enfrentamos como sociedad y a nivel personal en estos tiempos de cambio, mientras que Carla Ramírez analiza las dificultades que atraviesa el sector turístico en el país, mismas que se han visto agravadas por las consecuencias del Covid19,
Luego, invitamos a mexicanas que viven en otros países a compartirnos su perspectiva ante un tema que nos es común aun en la distancia. Eva María Cid González nos describe las acciones y actitud que está tomando el gobierno de Alemania frente a la contingencia, así como una reflexión sobre lo que sucede en México y lo que podemos hacer en estos tiempos para contribuir a salir adelante en la dificultad.
Fernanda Márquez escribe también desde Alemania y presenta las acciones de la sociedad y el gobierno alemán y reflexiona acerca de que si bien el virus es el mismo, las medidas que se están tomando, no en todos lados lo son. Mientras que María José Correa González, mexicana viviendo en Australia, nos habla sobre los retos personales a los que se enfrentan las personas durante el aislamiento social.
Así mismo, invitamos a personas de otras latitudes que nos cuentan cómo están viviendo esta crisis en sus respectivos países, Christian Aranda nos aproxima a la visión peruana sobre la atención del Covid19 y Camilo Arenas a la colombiana, la cual, tiene además el componente de la relación bilateral con Venezuela y las implicaciones diplomáticas y políticas que tiene la atención de la pandemia.
Añadimos también una nueva sección a la revista dedicada a observar, desde la perspectiva literaria, la realidad en la que vivimos. Jesús Hermosillo nos adentra en el universo saramaguiano y nos presenta las diferencias o similitudes entre Ensayo sobre la Ceguera y el mundo cambiante al que en continuo, buscamos adaptarnos.
En Humanismo y Sociedad esperamos que las distintas voces que presentamos contribuyan a dimensionar los distintos temas implicados en esta crisis y a fortalecer la discusión, para encontrar así, soluciones ante los tiempos que estamos viviendo.
MENSAJE DEL PRESIDENTE – TOMO 8
Por Comunicación Social publicado 2020-04-13
POR: JUAN FRANCISCO AGUILAR HERNÁNDEZ
El mundo está siendo sacudido por esta pandemia, ya nada será igual cuando esto acabe. Fuera del contexto de salud y económico, es un hecho que nuestras vidas están cambiando para siempre.
Pese a enfrentar la incertidumbre, la vida nos está dando la oportunidad de evolucionar como seres humanos, de volvernos más conscientes, de pasar más tiempo en familia, de darle importancia a las cosas más sencillas y que muchas veces, damos por un hecho.
En cuestión de días, el ritmo acelerado y la prisa se detuvieron, y con ello, hemos podido recordar el valor de la empatía. Estamos buscando maneras de ayudar en la medida de nuestras posibilidades, para salir adelante más fuertes, pero también más humildes. En este momento, se nos presenta la oportunidad de unirnos frente a la adversidad a pesar del distanciamiento físico. La vida nos está dando una enorme lección de paciencia y gratitud.
Estoy seguro que cuando todo esto termine, seguiremos buscando maneras de ser solidarios, de dejar de lado las cosas materiales, de apreciar el valioso tiempo con nuestra familia y amigos
Es cierto, 2020 será recordado como el año de la pandemia. Sin embargo, podemos ver que en todo el mundo hay científicos buscando vacuna y medicina, personal de salud poniendo en riesgo su vida para seguir cuidando de otros, personas abasteciendo los mercados para que no falte el alimento, niños y niñas estudiando en casa, padres y madres haciendo su mejor esfuerzo por cuidar de su familia. Personas de todas las latitudes en este esfuerzo, que ya nos es común.
Es precisamente por todo ello que estoy seguro, que 2020 pasará también a la historia, como el año de la solidaridad, de la gratitud y de la esperanza.
ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ENCUENTRA LAS DIFERENCIAS
Por Comunicación Social publicado 2020-04-13
POR: JESÚS HERMOSILLO BUENDÍA
Maestro en Gestión Pública Aplicada, Abogado.
Diplomado en Estudios Literarios y en el Estudio de Instituciones Occidentales.
@chuyperman
El día de hoy, mi madre, abuela de mis dos hijas, envió una imagen al grupo de WhatsApp de la familia, la misma se trata de uno de esos acertijos que antiguamente en mi niñez encontraba en los manteles que te daban en los restaurantes y que invitaban a encontrar las diferencias entre el dibujo superior y el inferior, como estrategia para distraer el hambre infantil, entre la llegada y acomodo en establecimiento y la del primer plato.
El día de ayer, justo terminé de leer Ensayo sobre la Ceguera del autor portugués y ganador del premio Nobel, José Saramago. Todavía con el envión de las sensaciones que produjo la citada lectura, me encontré tratando de identificar las seis diferencias entre la imagen superior e inferior referida, mientras que mi inconscientemente me taladraba el pensamiento empujándome a actualizar dicho juego infantil por otro igual en el que había que encontrar las diferencias de la realidad (en tiempos de pandemia) con la ficcional Ensayo Sobre la Ceguera.
Sirva la introducción anterior como pretexto para reflexionar respecto de la utilidad que tienen ciertos textos literarios para reflejar lo que sucede en nuestro “día a día”. La novela parte del momento en que uno de los personajes se queda ciego, de ahí, todo es cuesta abajo, la ceguera, que tiene la particularidad de ser blanca y no negra, como sabemos sin ser ciegos que es la ceguera de carne y hueso, es decir, la real. empieza a propagarse de persona en persona sin poder explicar la forma o el modo de contagio. Poco a poco los personajes principales son presa del padecimiento, el primer ciego, su mujer, los pacientes en espera por entrar con el oculista, el mismo oculista (valga la ironía), y así todos. Todos menos la mujer del oculista, quien será bastón y ojos para los ciegos y heroína de la historia, como lo suelen ser las mujeres en las obras de Saramago.
Pronto en la novela, el oculista ciego busca dar parte al ministerio de sanidad, de esta epidemia que parece no tener explicación y antecedente alguno y que se propaga tan rápido como el catarro común. Ante el intento, el oculista ciego tiene que convencer un funcionario medio, con el que una secretaria aceptó -condescendientemente y después de muchos intentos- a comunicarlo con su superior. Esto sin revelarle para no causar pánico y por un alto sentido de la responsabilidad, la aparición de una epidemia de ceguera. Ante ello, el funcionario medio insiste que tiene ordenes y que si no le dice de que se trata no podrá comunicarlo, ordenes son ordenes, tanto ahí como en el mundo real, aunque con ellas incluso obstaculicemos información tan importante como la propagación de una epidemia.
Cuando al fin se activa el “maldito engranaje oficial”, nos convertimos en testigos de una autoridad o Gobierno que toma decisiones más preocupado en las implicaciones sociales y sus derivaciones políticas que en las humanas. Mientras no se aclarasen las causas de la enfermedad, mientras no se encontrara una cura, se aislaría a los ciegos y a aquellos que hubieran tenido contacto con ellos. Se les pondría en cuarentena, sin saber si esta como la de los barcos en tiempos de cólera o fiebre amarilla, duraba cuarenta días. Una vez definida la estrategia faltaba el lugar que funcionaría como isla, el cual resulto ser un manicomio, ya que era la solución más económica y la que menos callos pisaría de otros ministerios. Cuando hubieran contenido a los ciegos principales, el papel del Gobierno quedaría reducido a un mensaje transmitido por un altavoz en el que diariamente les harían ver a los pobres ciegos que la decisión, aunque difícil, había sido tomada por su bien y el de la población general, habiendo ponderado todas las consecuencias y reconociéndoles que dicho aislamiento representaba la más alta solidaridad para con el resto de la comunidad nacional. De ahí en adelante les dictaban 15 reglas que bien podríamos resumir en la expresión: háganle como puedan.
Como es evidente, esto último solo podría pasar en una obra de ficción, porque en el mundo real, jamás se ha visto que un gobierno se lave las manos, tomando decisiones, priorizando sus intereses y haciéndose de la vista gorda ante una epidemia. En la que además la población -dejada a su suerte- sea la que primero y antes que el Gobierno, procure sus propias medidas, y de ahí en adelante, que le hagan como puedan.
Poniendo el foco en la convivencia dentro del manicomio, damos cuenta de situaciones que en condiciones extremas pueden ocurrir. Quisiera decir que todo transcurre como si fuera miel sobre hojuelas, que el autor hace gala de su prosa para describir escenas en las que la solidaridad y la bondad pueden inspirarnos a ser mejores personas, pero no es así. Creo en su lugar, utiliza la estrategia que los griegos usaban al escribir sus tragedias, para que los espectadores (el pueblo) a través de la catarsis, aprendieran la lección.
La población inicial del manicomio fueron los primeros (que sepamos) seis ciegos. Luego, poco a poco al extenderse la epidemia, empieza a poblarse cada vez más. Cada nuevo ciego llega con su propia historia y cargando el miedo de sus propios demonios; como podemos imaginar no es lo mismo que convivan seis nuevos ciegos a casi trescientos. En esta parte de la novela se describe un abanico relaciones humanas, en donde el miedo es el principal protagonista; hay ciegos abusivos que se aprovechan de la ceguera de los demás para acaparar la comida y los suministros; hay ciegos que abusan de su fuerza y de sus armas para someter a otros ciegos; para pedir a las mujeres como tributo a cambio de comida y en general, ciegos que no se solidarizan con los otros ciegos ni para enterrar a los muertos.
Mientras tanto en el mundo de acá, aislados unos, de “vacaciones” otros, el miedo hace también mella en nosotros; hemos sido dejados a nuestra suerte por un Gobierno indolente ante la tragedia, que reacciona mal y tarde a una situación en la que no vio cortar la barba de todos sus vecinos y apenas hoy pone la suya a remojar. En la que hizo de un virus, herramienta de división y que solo tiene un mismo discurso transmitido diariamente por cualquier altavoz, en resumen, como en la obra, háganle como puedan. Calles llenas, el acaparamiento (en algunos casos absurdo como el del papel higiénico) a la orden del día; la reventa de tapabocas, gel antibacterial, y otros enseres de limpieza a sobreprecio, presente. ¿La pandemia nos ha hecho más solidarios ya? O en su lugar ¿ha sacado lo peor del ser humano que hay en nosotros?
No todo en la novela es malo, dentro del mensaje apocalíptico que describe magistralmente Saramago, hay un personaje que equilibra la balanza. Un solo personaje le bastó al autor para que podamos tener un mensaje de esperanza. La heroína que no era ciega pero fingió serlo por amor, carga con la mayoría de las calamidades en la historia. Un solo personaje solidario hasta los huesos. Dudo que el autor quisiera escribir una novela en la que todo es malo y enviar el mensaje de háganle como puedan. Saramago decía que no era pesimista sino realista, y si él en un mundo de ciegos pudo ver solidaridad, entonces creo que hay esperanza. Tal vez una sola persona solidaria sea necesaria para pasar esta tempestad.
No les platico el final porque este fue un ejercicio de encontrar las diferencias y aunque las diferencias evocadas puedan aparentar ser más coincidencias, les digo que no podrían serlo porque unas pasan en un universo literario y otras tantas en la vida real. Ya le corresponderá al lector definir cuál será cuál.
EL COVID 19 EN EL ESCENARIO POLÍTICO COLOMBIANO Y BILATERAL CON VENEZUELA
Por Comunicación Social publicado 2020-04-13
POR: CAMILO ANDRÉS ARENAS CORTES
Asesor legislativo y político en el Senado de la República de Colombia, estudiante de último año de Derecho en Bogotá, Colombia.
camiloarenas@hotmail.fr | Instagram: camiloaarenas
No cabe duda, esta virosis Made in China de consecuencias mortales ha generado una desestabilidad global, iniciando el derrumbe de las economías, perpetrando los sistemas sanitarios y consolidando los enfrentamientos políticos a nivel multilateral e interno. Es así, como en nuestra región este fenómeno se contrarresta de un modo limitante, que a falta de una medicina contundente, la contingencia a esta epidemia ha sido la cuarentena, termino usado y asemejado al tiempo bíblico del arca de Noe.
Gobernabilidad
Conforme a las cifras del gobierno colombiano al día de hoy, en nuestro país presentamos 539 casos confirmados, de los cuales 278 son hombres y 261 son mujeres, 295 de ellos son importados y 192 son casos relacionados, concentrándose en Bogotá la mayor cantidad de contagiados, siendo este el pico inicial. Frente a ello, el gobierno de Colombia en cabeza del presidente Iván Duque ha tomado medidas específicas, destacándose la expedición de un decreto con fuerza de ley, denominado Decreto de Emergencia Económica y Social, que faculta al Presidente de la República en condiciones extraordinarias como esta, la pandemia, que perturba o amenaza en forma grave e inminente el orden económico, social y ecológico del país, constituyendo una grave calamidad pública.
Duque a enfrentando con entereza, gobernabilidad y bajo el marco constitucional esta crisis global que se ha expandido por todo el territorio nacional, trazando lineamientos gubernamentales de la dimensión nacional a lo local, perpetrando como medida especial el aislamiento y las debidas precauciones que puedan mitigar los contagios en nuestro país.
Es cierto, la pandemia ha permitido dar un giro en la agenda política del país y a su vez en la opinión pública, respecto a la administración del país en el mandato de Iván Duque, quien ha enfatizado un mensaje que llama a la unión, la obediencia y al civismo, recibido positivamente por muchos de los colombianos. Además, ha impartido medidas para ayudar a la población vulnerable, proclive a la pandemia, siendo relevantes la reconexión gratuita del agua a cerca de doscientas mil familias que tenían su servicio suspendido, la congelación de las tarifas del agua potable, devolución del IVA para un millón de familias, subsidios básicos a más de dos millones de familias, doscientos mil jóvenes y a cerca de dos millones de adultos mayores.
La orden del jefe de Estado a sus funcionarios gubernamentales ha sido evitar cualquier conflicto político -evitar cualquier sometimiento de polarización- lo cual ha sido satisfactorio en esta circunstancia, impidiendo llevar la crisis al campo político, apelando al sentido de unión.
Duque hasta hace unas semanas enfrentaba una de las desaprobaciones mas altas en lo que lleva de su gobierno, siendo esta una situación que saca a flote su tecnocracia.
Retos del gobierno
Este fenómeno representa un gran reto para el gobierno nacional, las estadísticas no muestran un favorable sistema de salud.
A pesar que el virus se propició a principios de diciembre e inició su expansión en enero, nuestro país no contaba con un Ministro de Salud. Solo hasta el 7 de febrero cuando existían cerca de 37.000 casos confirmados a nivel mundial, Iván Duque comunicó quien sería el actual jefe de la cartera, mismo que tomó posesión formalmente hasta un mes después, tres días previos al conocerse del primer caso en Colombia. Para muchos críticos y detractores del gobierno, no existía un sentido de urgencia, generando por ello el posible desbordamiento del sistema de salud.
No se debe desconocer la premura que ha tenido el gobierno al concentrar todos sus esfuerzos y estrategias para la crisis, decisiones que dentro de los poderes extraordinarios de la ley busca proteger a los colombianos.
Un gran desafío que suscitará es el de la economía, afectada por la caída del precio del petróleo, con el peso colombiano devaluado en un 15% y una desaceleración económica inminente. Meses previos al impacto del coronavirus la economía colombiana venía en crecimiento, con uno de los índices mas altos de América Latina, bajas tasas de interés, reservas internacionales de 52.000 millones de dólares y con interesantes previsiones en el aumento de recursos hacia sectores como la infraestructura y el turismo. Distintos gremios de la economía no auguran con buen pronóstico el crecimiento, tan solo se especula un crecimiento del 1.2% y no del 3.5% como se esperaría para este 2020.
No se puede desconocer tampoco, las falencias que afronta el país y las cuales ha heredado a través del tiempo, ante las cuales el Presidente Duque y su gobierno enfrentan un inmenso reto en términos de políticas económicas, sociales, de salud y de formalización laboral.
Debo dar la razón, que en estos tiempos deberíamos reservar ciertos juicios de teorías económicas. A muchos no nos cautiva, pero creo en la necesidad de implementar los principios de Jhon M. Keynes, ya que esta situación podrá ser atendida con gasto público, con el resultado multiplicador de la inversión pública.
El coronavirus venezolano frente a Colombia
Es incierto como Venezuela confrontará esta pandemia, su deterioro en la calidad de vida y la nefasta crisis económica son generadores de pésimas condiciones sanitarias en el vecino país, más de un 53% de los centros hospitalarios de allí no cuentan con las mascarillas que deben usar los profesionales de la medicina para evitar los contagios y un 92% no cuenta con protocolos de trabajo para pacientes infectados.
Ahora bien, como toda dictadura no podía dejar de ocultar casos y el COVID 19 no ha sido la excepción. Ciudadanos venezolanos afirman que Maduro ha manipulado las estadísticas para aseverar el control de la situación y es evidente que sus cifras son contradictorias. De acuerdo con Juan Guaidó -presidente interino venezolano- hay en el país más de 200 casos. Además, se dieron a conocer filtraciones que aseguran que militares venezolanos provenientes de Irán estarían infectados, contagiando a médicos y enfermeros en Caracas.
Fuera de Venezuela, Colombia es el país más afectado con su crisis política, económica y social, pues ha recibido cerca del 44% de los cinco millones de venezolanos que han emigrado en el mundo.
No es un secreto la fractura de las relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro, pero ha sido la necesidad de esta causa humanitaria la que ha llevado que jefes de las carteras de la salud lleguen al dialogo y concreten medidas sanitarias bilaterales. Siendo mediador en ello la Organización Panamericana de la Salud, atendiendo a su función de socorrer y articular las necesidades médicas de los habitantes de las fronteras.
Por todo ello, creo que es muy probable que Maduro esté buscando sacar rédito político, ya que vendería como triunfo, el haber coordinado formalmente con Bogotá las medidas a tomar frente al coronavirus. Suponiendo así un poder implícito, restando por tanto el reconocimiento diplomático de Guaidó. Poniendo en manifiesto que las implicaciones de la pandemia no son solo sanitarias o económicas, sino también diplomáticas y políticas.
REFERENCIAS
- Redacción Economía (2020, marzo 27) Economía colombiana ante la tormenta del Covid-19, El Nuevo Siglo
- Gobierno de Colombia (2020, marzo) Coronavirus Colombia. Recuperado de: https://coronaviruscolombia.gov.co/Covid19/index.html
- Jahan, Saber Mahmud, Papageorgio (2014) ¿Qué es la economía
keynesiana? Finanzas y Desarrollo
- Portafolio (2020, marzo 16) Colombia trabajará con Venezuela para frenar avance del coronavirus. Recuperado de: https://n9.cl/xzht
HUMANIDAD A PRUEBA, UNA VEZ MÁS
Por Comunicación Social publicado 2020-04-13
POR: CHRISTIAN ARANDA VÁSQUEZ
Secretario de Plan de Gobierno
Comité Ejecutivo Regional de Arequipa, Perú
Partido Popular Cristiano.
Fundador del Centro de Estudios para la Paz.
christianarandavasquez@gmail.com
En 2005, a Estados Unidos le tocó vivir uno de los cinco huracanes más destructivos de su historia: el Katrina. New Orleans, ciudad ubicada al sureste del Estado de Luisiana, quedó devastado casi en un 80%, incluyendo desde pérdidas humanas hasta daños materiales. Meses después de que el fenómeno acabara, el mundo quedaría conmocionado con testimonios que pusieron sobre la mesa nuestro sentido de humanidad en tiempos de crisis.
Por esos días, los juzgados norteamericanos estaban a tope por denuncias civiles entre vecinos, amigos, familiares, etc. Una serie televisiva recrearía este escenario diciendo, “Al revés. […] Así estuvo New Orleans al día siguiente del paso del Huracán Katrina. Las cosas estaban todas al revés. Esto no fue Estados Unidos aquella semana […]. Las normas y la lógica que aplicamos en la vida cotidiana desaparecieron, y todo estaba mal. Un amigo me contó que cuando por fin pudo salir de la ciudad – tres días después del huracán –, pasó junto al cadáver de un hombre tirado en una acera […]. El cadáver de un hombre medio desnudo siendo devorado por un cocodrilo. Y mi amigo no se impresionó, ni siquiera se sorprendió. Solo pensaba en huir. Esto no fue Estados Unidos de América, ni ningún otro sitio normal. Durante aquella horrenda semana los Estados Unidos de América desaparecieron. […] En un marco que era tremendo, cruel e inusual […], muchísimas personas, en aquel terrible periodo de caos y desesperación, parecieron perder la cabeza, parecieron perder su sentido innato de la humanidad”.
Ya sea que se trate de un huracán, un naufragio o una pandemia, cierto es que crisis de estas magnitudes suelen poner a prueba nuestra civilidad, muchas veces retornándonos a nuestro estado de naturaleza. En palabras de Hobbes, esa temeridad a la que renunciamos en virtud de sostener una convivencia pacífica, vuelve a asomar el rostro cuando nos vemos arrojados y expuestos ante la incertidumbre. El sentido de supervivencia aflora cuando sospechamos que el soberano al cual delegamos nuestra temeridad, también teme. Por ello, cuán importante es no dejar las riendas del barco a un mentecato que en su vida ha navegado en aguas turbias y volátiles.
El Covid-19 nos pone a prueba una vez más. Para que este virus estacional, que hoy tiene al mundo en suspenso, no arribe a los niveles de pánico de crisis pretéritas, es preciso que las voces autorizadas que conducen la nave no pierdan la consciencia de sí mismos, asuman con responsabilidad absoluta las medidas a adoptarse y ejerzan la energía que les delegamos para conminar al pueblo a ajustarse a ley. Porque un gobierno endeble, temeroso o servil a cualquier otro interés exógeno al del mismo pueblo, acabará por soltar las llaves de la casa e inevitablemente arrojará a todos a un estatus de indefensión y libre albedrío, ocasionando un caos cercano al antes descrito.
El caos, la ausencia de orden, puede ser evitado si las acciones se toman con aplomo y consecuencia. El estado de naturaleza será evitable siempre que el ciudadano sienta que él y su familia se hallan seguros en el aislamiento social al que están conminados. Dicho sentido de seguridad sólo será posible allí donde el gobierno de turno pueda asegurar la mediana estabilidad de todos. El desorden y la zozobra que provoca la pandemia también espera gestos y demanda responsabilidades de nosotros, los ciudadanos.
Así como ocurrió en 2005, hoy muchas personas, lejos de observar guarecidos, están saliendo a salvar, abastecer y proteger la salud de otros, aun a costa de su propia integridad. También es cierto que son más los ciudadanos responsables que, incluso acogiendo con molestia la restricción a sus libertades, respetan y exhortan en otros el respeto a las disposiciones que el país dicta. Finalmente, buena parte somos conscientes que saldremos de es situación, pero que ello ocurra de la mejor manera dependerá de que cada quien haga aquello que le corresponda.